domingo, 3 de septiembre de 2017

Alebrijes... y el otro lado de los sueños

Quién sabe dar a los sueños el lugar de sueños. Quién quiere apartar la mirada del más azul cielo fantasía. Quién tiene la amabilidad de bajarme de ahí arriba la cometa de los sueños.Que alguien maneje  estos hilos, por favor. Y que los encare uno a uno para que dejen de atizar al aire.Y de paso, que me enseñen a conducirlos a mí luego. Que aquí abajo hay una realidad que vivir.

Quién sabe dar a los sueños el lugar de sueños sin mezclar los finales con una pizca de mucha falsa realidad.Quién sabe por dónde queda ese precipicio por el que se salta, una despierta y cae a dónde estaba.Ese que actúa como diferencial y que enciende y apaga a los sueños como se hace con las luces de una feria.Que me lo muestren.Que salto.

Quién me enseña a hilar las mentiras que mi subconsciente cuenta. A distinguir entre realidad y fantasía. Quién controla los alebrijes de colores y cartón que dan vida a mis fábulas y batallas románticas de dragones y monstruos. Que se han cansado de luchar entre sí con armas blancas, pero que ahora están abocados a caer enamorados de una idea falsa del amor.
Quién me enseña a hacer caso a la realidad de un mañana mientras exista este otro lado de los sueños hoy. Mientras haya sentimientos que convertir en poesía, música que hace sentir, continentes que explorar, y ganas de invitar a nuevos sueños a ser parte del festín.
Que me enseñen a poner a los sueños en el lugar de los sueños. Que tomo nota.  Mientras tanto, voy a retar al único temor que existe desde este lado y pedir al cielo que la llamada del alba no me despierte mañana y no me diluya mientras vivo otra ilusa batalla entre sábanas de algodón.
Feliz día.

martes, 1 de agosto de 2017

Clavelitos, clavelitos ....


Y ocurre a veces que un soniquete de tuna se cuela en tu casa. Así sin previo aviso, te acompaña una tropa de jóvenes tuneros que cantan Consuelo y a sonrisa llena. Te recuerdan estos ángeles de lo simple a lo que se reduce todo. Si la vida es música y te pide cantar, cantemos clavelitos pues.  El ayer ya pasó y en el mañana ya veremos. Mentira.

Y mientras madre canta clavelitos con desafino y se abrocha bien fuerte al presente, tú te las arreglas para barrer el tiempo hacia atrás. Ese mismo tiempo que amengua facultades y ha hecho de las gafas de ver de madre, olvido en la mesilla.  Entonces te toca caminar al cuarto para alcanzárselas, pero te detienes no sabes muy bien por qué a mirar a través de sus cristales.

Y es así, pero siempre hay mayor sufrir cuando una mira a través de sus cristales. En uno de los lados del roto. Allí donde las risas lloran con lágrimas que no se ven, los días son sólo horas que echar atrás y una verbena no es más que otra noche de guardar.

Y mientras madre continúa cantando clavelitos, oyes sin querer a otra melodía que te invita a ir a bailar a la cocina y hace que te enfundes su mandil como de un uniforme de guerra se tratara. Justo entonces, tomas prestado también su cansancio, ese que se huele cuando llegas a casa y la ves en la cocina con las manos en la masa.

Un mandil que pesa quintales. Uno por cada vida truncada. Y como puede, se hace un medio lazo por la espalda.  Una lazada hacia un lado por tocada, vencida y hundida,  y otra hacia el otro, por vencedora de los días que se avienen. Anuda fuerte y saca esa sartén de ahí arriba que yo no alcanzo. Que me pongo ya a la faena que hoy no estamos todos, pero somos muchos a comer.

Y el son de clavelitos está ya casi terminado, justo cuando madre tararea la estrofa de si algún día clavelitos no lograra poderte traer...  y yo me emociono lo que está por escribir, porque esa bien sabida ley de vida que se adueñó por un momento de mi pensamiento, no la querría yo vivir. Sin más.

Feliz día.

jueves, 29 de junio de 2017

El fino arte de no estorbar ni de rogar





Aprender el fino arte de no estorbar ni de rogar.  Dejar de llamar a puertas que no abren para empezar a ser consciente de lo poco que se recibía a cambio. Saber guardarse para un después que igual es nunca porque así debía de ser.



Dar en la justa medida sin usar más balanzas que las que dictan tus valores, en ese día tal que saltan ecos de los ángeles que te guardan.  Una destreza bastante compleja de adquirir, especialmente si se está coja de medio corazón y además,  falta la valentía para dejarlo ver entre una multitud de supuestos corazones enteros.  Competencia solo de almas habilidosas y diestras del saber valorar a un cuerpo solo, sano y presente. Currículos magna cum laude.



Y volver a aprender el fino arte de no estorbar ni de rogar. Seguir subiendo peldaños uno a uno y entender al fin que no hace falta creer en magias ni usar la imaginación para plasmar en un dibujo a quien te quiere. Porque quien realmente lo hace, sujeta la paleta contigo y elige los colores a tu lado,  ya sean grises, blancos o verdes.

Feliz día.





lunes, 5 de junio de 2017

La envidia

Retar hasta a la sabia madre naturaleza si hace falta con el fin de que el brillo se vuelva sombra. Galán o galana de feria que durante el pasacalle se empeña en remar a su corriente y usando tus remos.
Alma pobre que se adueña del destino ajeno. Quien invierte todo cuanto se encuentra al paso para que su curso sea quien siga al rio, y no al revés.Quien hace de lindas y dulces casualidades domingos de zoco, donde tocan boletos para ser comentada entre corrillos que rondan a quien interés despiertas.
Malabarista de circo que te acomoda en el último asiento de la grada, a donde nunca llegan los mensajes de vuelta. No es sino un muñeco de juguete que proyecta su envidia muy adentro en tu pupila, allá donde das cobijo a tu más cristalina mirada y en la que descansa la esencia de vivir tranquila y en paz.
Feliz día






domingo, 30 de abril de 2017

Sístole y Diástole al escenario




Dejarse abrir el corazón de vez en cuando para que se airee, para que se oxigene y no se oxide.

Y además, hacerlo al estilo del sur, a modo fiesta. Invitando al dúo compuesto por la sístole y la diástole a que salgan a la pista de baile y acompañen a una música que quiere ser sentida en las paredes de un más dispuesto que despierto corazón porque anda soñando.

Sístole y diástole al escenario. A respirar un poquito de libertad. Sin frenos ni miedos. Bailen cada una a su antojo. Demuestren de lo que son capaces. Disfruten y déjense oir y ver. Bébanse todos esos sueños de un trago si se les antoja, que ya llegará la resaca en forma de cordura y razón para recordarles que en realidad, están solas en la función. Que el público se va, que nadie observa el giro de sus sutiles y dulces movimientos que bañan a todo un cuerpo de ilusión.

Y es que puede ocurrir que a pesar de la valentía de sus vaivenes, que a estas señoritas ni se les intuya. De entre todas, la opción menos contemplada cuando es el corazón quien regenta, pero no por ello deja de ser una posibilidad entre tantas.

Como también lo es la opción que tiene una de querer elegirse igualmente, aunque hayan habido mil jueces o ninguna parte que la elija. Sin excusas y sin dramas. Viéndose a una crecerse después de haberle abierto el corazón a quien, justo entonces, no supo verlo bailar. 

Feliz día

sábado, 25 de marzo de 2017

Recónditos galardones…



Nacer y adquirir conocimiento para luego ser galardonado con un pergamino que incluye la firma de un gigante y que viene escrita con pluma de una tinta muy fría. A modo golpe seco de caucho, madera y sello. El siguiente, por favor.


Gigantes de esas mismas firmas que también son dueños y señores de las aspirinas que deciden la dulzura que comemos, lo que sembrar y lo que nos cura. Y mientras, las dudas del pequeño agricultor que investiga de sol a sol sobre cómo llevar pan y trabajo a la casa vecina.

Dejar de creer lo que un título dice de ti para poder empezar a creerse quien uno es o ha sido. Aprender a distinguir entre las falsas modestias que se premian, y esas otras modestias verdaderas que sin apremio no esperan premio ninguno, pero que rinden cultivos, que no culto, a un muy recóndito galardón que lejos de parecerse a un sello, es quien da las órdenes no sólo a uno, sino a más de un corazón para levantar por la mañana con ilusión. Qué mejor título académico que ese…

Ese que no tiene necesidad de noticias de prensa o de aparecer en televisión, porque de entre todas las partes, siempre pesa más la parte que le recuerda el peso de la azada que se ha usado durante largas horas de diligente labor. Ese que hace evidente un modo de cooperar en el cual se aplican interdisciplinas de grupo de las que aún no hay registros en los libros de mercado y de la psicología, porque en realidad, siente que cada persona es una disciplina diferente y que día tras día está por descubrir.

Feliz día



viernes, 2 de diciembre de 2016

Cariño en todas direcciones



Necesidad de cariño en todas direcciones. Una actividad apta para todos los públicos sin excepción alguna. No importa cómo, cuándo, dónde ni por qué se presente: abrazo o sonrisa, mensaje o fotografía, canción o melodía…
Es tan fundamental,que a veces yo incluso diría que creemos ser el cariño que recibimos y damos a los demás. Y digo los demás, porque cuando pensamos en cariño, automáticamente miramos hacia fuera, y rara vez pensamos en el cariño de uno mismo hacia uno mismo.
Pasa también a veces, que el gesto de cariño más insignificante de alguien a quien ni siquiera conoces, despierta en ti las emociones más grandes. Sin explicación aparente, este desconocido descorcha tu botella de las emociones. El tapón salta disparado en modo cohete espacial. Emoción viene y emoción va. Muchas de ellas ni siquiera entiendes. Pero ahí están pululando. Y mejor no esquivarlas, porque conocen tus atajos y te las cruzarás de frente en el pasillo dentro de un rato.
No queda entonces más remedio que atenderlas y escucharlas. Sabes que no van a quedarse para siempre, porque están de paso, como tú. Así que con un poco de lucidez y paciencia esas emociones van pasando y al final, acaban adquiriendo la forma que tú quieras darle.
De todas esas emociones, hay una que me requiere una atención especial. Entre otras cosas, porque brilla más que el resto y tiene doble mérito porque lo que brilla es precisamente una ausencia: la del cariño que no me he dado.
Y es que no es nada difícil ser arroyada por la velocidad de los días y que las ocupaciones consigan que se nos olvide querernos y mimarnos.  Por eso, en momentos donde un desconocido tiene un minúsculo detalle con nosotros, se descubre y se siente bien hondo que las cosas importantes en la vida, no son cosas.
Entonces una toma aire, respira hondo y entiende que con la ocupación una no se basta y que además de para algunas otras cosas, una vale también para darse a sí misma el cariño que día a día sabe dar a los demás y espera recibir de los demás.  Porque sencillamente lo merece.
Feliz día.